Jaime Rosales: “El cine español no es una industria y no me importa porque no hago películas de manera industrial”
Este miércoles, Jaime Rosales (Barcelona 1970) inaugura las ‘Veladas de Cine’ de CineCiutat con su última película ‘Sueño y Silencio’, que compartirá con los socios y explorará en un coloquio y una cena.
El ganador del Goya a mejor director por ‘La Soledad‘ nos presenta una película fuera de los cánones clásicos, rodada en toma única con actores naturales en la que “habla del dolor de la pérdida de un ser querido. Un accidente cambia todas las emociones y la situación de una familia. La película, a través de diferentes figuras estilísticas, apunta a la posibilidad de un algo más, de una cierta trascendencia”, explica sobre un proyecto que encaja muy bien con ese concepto de arte como “disciplina que te permite acceder a una experiencia trascendente, iniciática, trascendental” aunque a Rosales no le gusta considerar al cine un arte porque “decir que el cine es un arte porque conlleva la apreciación de que uno es un artista”.
Para él, hay dos clases de cine, “uno que está muy cerca de la comunicación audiovisual, que trata de vehicular un mensaje y uno más artístico donde lo que importa es la expresión y no tanto el mensaje”. Él se interesa especialmente por ese punto del cine en la frontera entre lo uno y lo otro ya que le atrae “la dimensión puramente plástica”.
‘Sueño y silencio’ está rodada en toma única con actores naturales para conseguir ese resultado entre documental y ficción que buscaba y esa espontaneidad de sentimientos y emociones necesarios para sumergirse en el viaje hacia la espiritualidad.
“La manera en la que yo concibo una película no se trata tanto de someter el rodaje y el montaje a un guión sino de llevar a cabo un proceso creativo en el que hay un grupo de gente que convierte ese proceso en un viaje en el que no sabes muy bien a dónde vas a acabar llegando. Hay algunos temas que quiero contar, pero hay una parte que tiene que ver con la expresión que me va a llevar hacia lugares que no sé dónde están y por eso tengo que estar muy abierto al azar. El azar me va a regalar muchas cosas, pero muchas cosas que voy a esperar no van a llegar, así que hay que vivir abierto a la frustración”.
Este método de trabajo, en el que los actores no contaban con ningún guión con diálogo y “ni siquiera habían leído la historia”, da como resultado un film rodado con una cronología dramática en la que “los actores se enteraban de qué iba la escena segundos antes de rodar”.
Aunque no había ensayos que pudieran contaminar y condicionar la expresividad emocional de los intérpretes sí que había un trabajo específico de preparación para que los actores pudieran entrar en los parámetros de la ficción sin abandonar los parámetros del documental.
“Es una película ejecutada para que el espectador entre en ese ritmo muy realista y para que poco a poco las emociones que fluyen de los actores penetren en el espectador y sea una experiencia emocionalmente intensa”.
Por ello, el azar juega una parte esencial en el rodaje. “No sabía cuándo se iban a emocionar. Hay una escena que una de las actrices cuenta una experiencia que tiene que ver con su hermano que había fallecido y le llega una emoción muy profunda, pero esto no está planeado. Hay que estar muy atento a que el azar y abandonarse de verdad para que surjan cosas maravillosas porque si uno hace ver que se abandona, pero en realidad lo quiere controlar todo, no funciona”.
Para elegir a los protagonistas, Jaime Rosales tuvo que hacer muchas pruebas ya que buscaba a “alguien muy interesante”, que pudiera encajar en su idea de película mezcla entre ficción y documental. “En el fondo lo que quiero es captar ese algo real de ellos que me interesa porque me resultan interesantes”.
Durante las entrevistas, Rosales confiesa que lloró en más de una ocasión porque las historias que le narraban algunos de los aspirantes eran muy emotivas, pero al final tuvo que decantarse por cuatro. “Es gente que creo que tiene algo en sí mismos que a mí me interesa y creo que va a interesar a otros y, además, tienen una capacidad para entrar en el juego de la ficción relativamente fácil”.
Rosales, con una amplia formación religiosa y científica, asegura que la película no ofrece respuestas a la indagación sobre trascendencia “porque no las tengo” y afirma que “me da la sensación que el ser humano a la hora de intentar transmitir la trascendencia a través de un discurso racional suele fracasar, lo cual no quiere decir que esa dimensión no exista”.
Considera que el cine, como toda experiencia estética “debe ser algo muy sensorial y evocadora” y afirma que en Cannes, donde su ‘Sueño y Silencio’ se presentó en la quincena de realizadores con gran éxito crítico, “dieron con la clave, dijeron incluso que había un infrafilm que recorre la película, más allá de eso no puedo encontrar un discurso porque ni siquiera grandes filósofos lo han logrado. Propongo esta película para que el espectador se abandone a lo que pueda sentir en estas dos horas y quizás puedan sentir esa trascendencia”.
Trabajar con esta fórmula en la que la improvisación y el azar lo mueven todo es un ejercicio fascinante, pero complejo. De hecho, la edición del film duplicó la previsión inicial de dos meses. “Lo que ocurre en el rodaje generalmente está sometido al guión y al montaje, en el rodaje se hace una ejecución de algo muy cerrado, pero yo he dejado que la propia película explote y vaya por donde quisiera”. Esto le lleva a afirmar que “escribí una película, rodé otra película y monté otra“. Por ello resulta lógico que la película haya sido incluso para él una sorpresa. “No era para nada lo que yo me esperaba; sale de ese esbozo de guión, tanto es así que con lo filmado tengo la posibilidad de hacer otra película sin utilizar ningún plano”, ya que los 23.000 metros de película que ha rodado es un material enteramente utilizable, al contrario que lo que ocurre normalmente y pone como ejemplo ‘La Soledad’ donde grabó 50.000 metros.
Su forma de abordar los proyectos cinematográficos hacen que muchos vean en él “un motivo de esperanza en un mundo dominado por los mercados”, como lo define Marco Antonio Robledo. No obstante, Rosales entiende que “nuestra sociedad tiene un mecanismo para darle salida a este tipo de proyectos y que “no soy el único ni he inventado nada”.
Lleva diez años en el negocio del cine donde su mayor éxito a nivel de premios llegó en 2007 con ‘La soledad’, que él considera que “fue una gran sorpresa y una gran suerte, pero tiene que ver con que la Academia, que llevaba mucho tiempo enfocándose a un cine muy clásico, sintiese la necesidad de abrirse y dio la casualidad de que esa película estaba allí”.
Sobre las tan manidas subvenciones al cine considera que “ni son muchas ni son fáciles de obtener” que como en todo ámbito público puede dar lugar a corrupción, aunque cree que “el que haya corrupción no quiere decir que no haya películas que se han hecho y son muy buenas y otras muchas que son muy malas”.
Rosales ha defendido y escrito que “el problema del cine en España es que un sector se significó mucho políticamente y supuso el rechazo por otra”.
Opina que “el cine español es bastante bueno, hay películas muy buenas y películas muy malas y se destinan unos recursos públicos relativamente pequeños en un país con una presencia pública muy grande. Los pocos recursos que se han destinado y el resultado es más satisfactorio que negativo. Francia destina muchos más recursos y obtiene mejores resultados, pero otros como Alemania destina también muchos recursos y creo que obtienen peores resultados que nosotros”.
Recuerda que un profesor suyo le dijo que “la única manera de crear algo maravilloso es estar caminando en el filo del desastre”, algo que comparte al cien por cien ya que “en posiciones más seguras se consiguen cosas que no van a caer en el desastre, pero tampoco en lo extraordinario”.
No ve al cine español como una industria y esto es algo que “no me importa porque yo no hago películas de manera industrial“.
Sobre la participación de Miquel Barceló en su cinta, con un prólogo y un epílogo, surgió porque le interesaba la parte trascendente que había visto en su obra. “Trabajamos sobre la idea de ilustrar o recrear dos mitos de nuestra cultura: el sacrificio de Isaac y el segundo el calvario.
A nivel creativo el trabajo fue peculiar porque había que unir un proceso intensivo como es el cine con un proceso extensivo como es la pintura donde el artista dedica mucho tiempo a la contemplación de la obra”.
Rosales está muy satisfecho con esta colaboración que considera que “ha sido un proceso muy enriquecedor y ha sido un artista que me ha impresionado porque es un hombre de una gran sabiduría, que ha acumulado muchas capas, muchas vidas”.
‘Sueño y silencio’, que se ha rodado con un presupuesto de 1,5 millones de euros, se ha estrenado en verano para aprovechar el tirón mediático de Cannes aunque de momento los resultados comerciales no son positivos. “La taquilla ha sido decepcionante, no tengo vergüenza en reconocerlo”, afirma recordando que en octubre la estrenarán en Francia donde piensa que los resultados serán mejores. “Creo que será mi primera película que tendrá más espectadores allí que en España”.
Pese a todo, Rosales tiene mucha fe en la película porque “lo que se trata es de darle un valor a la película” y ese valor no es únicamente lo que se hace en la taquilla sino que es un concepto de recorrido más largo. “Me acuerdo que haciéndola pensábamos que era para el espectador coreano de dentro de 50 años y no tenía que ser necesariamente para el espectador actual, aunque me esfuerzo todo lo que puedo en seducir a la gente y a los medios para que vayan a ver la película”.

















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